viernes, 18 de agosto de 2017

He visto



He visto a una persona sumergida en la decadencia de la sociedad, siendo pisoteada por otros que se benefician de la extrema pobreza, la cual se afianza cada día más en esta entidad que se ha convertido en sinónimo de tristeza.

He visto cómo la sonrisa se ha borrado de quienes en algún momento sólo mostraban su felicidad sin importar lo que rodeaba a su entorno; la amargura ahora se caracteriza como el principal detalle de aquellos que iluminaban con su dentadura y alegraban el día de los obstinados

He visto cómo un niño se sienta en una acera mientras el sol calienta sus pies descalzos y con sus manos cubiertas de suciedad y algunos granos de arena, los cuales estaban en su piel no precisamente por jugar en la tierra con carros o una pelota, sino por buscar un pedazo de cartón donde dormir. Con esos dedos invadidos por la mugre, se llevaba los dos panes a la boca, sin nada de relleno, ensuciando también parte de sus labios pero alimentando por primera vez en el día su estómago, justo cuando el sol se ocultaba por el oeste.

He visto abuelos haciendo una larga cola a las afueras de un banco con avisos que reflejaban a gritos los logros de la revolución. Luego los he visto llorar en silencio por las noches, y no por el olvido de sus hijos que abandonaron su casa, sino porque sus nietos se habían acostado con una arepa con mantequilla como cena.

He visto personas de todas las edades caminando como unos indigentes con hogares buscando en cada esquina el basurero más grande, para así sentarse a revolotear entre las bolsas motivados a encontrar un pedazo de carne o verduras podridas para poder alimentarse, al mismo tiempo que la pudrición invadía sus pulmones y las moscas dejaban huevos en su piel, justo antes de que los gusanos rozaran lo que se iban a comer.

Pero también he visto un renacimiento; he visto una resurrección. He visto cómo después de caer y dejar la sangre pegada en el pavimento, las personas se levanta. Y crecen. Y no vuelven a caer. Y sanan sus heridas. Y patean a aquellos que los hicieron caer y romperse la piel hasta aprender que ese error no se puede volver a cometer.