Hace siete meses todo era diferente... No veía que estaría escribiendo y sintiendo tantas cosas con respecto a mi país, su población y gobierno.
Hace siete meses comenzó ese movimiento en las calles; el pueblo parecía despertar. Hace siete meses vivíamos en una mejor situación económica que la de ahorita, pero que igual seguía siendo tan mala como para que el pueblo se volcara a las calles.
Hace siete meses las ciudades principales de Venezuela se llenaron de color, de esperanza, de valentía... De personas que exigían un cambio de gobierno a gritos. Hace siete meses los del alto mando no dormían como unos bebés.
Hace siete meses, algunas calles se tiñeron de sangre, una con un color igual al de los demás humanos, pero con una fuerza y olor a libertad como ninguna otra.
Se cumplen siete meses del asesinato de Bassil Dacosta y Robert Redman. Y hoy en día, los que exigían esa salida, no parecen recordar las gotas de sudor y el cansancio por las noches de las largas marchas que se hacían.
Hace siete meses Venezuela tenía memoria. Hace siete meses, el pueblo quería y se interesaba por lo que sucedía con su país. ¿O es que hace siete meses solo se preocupaban por una foto con su gorra y su bandera tricolor?
Ya son siete meses, y mientras pocos tratan de seguir lo que empezaron, la mayoría les da la espalda y siguen como si nada pasara. Siete meses de injusticias y desconsideraciones, mientras los de arriba siguen en el poder.
Cuando nos necesiten, quizá ya no estemos. Siete meses y no se dieron cuenta que nosotros teníamos la razón. Pasaron dos cientos veinticuatro días y solo nos apoyaron en treinta de ellos. Siete meses y todavía hubo gente en la calle, recibiendo gas y perdigones, confiando en que el pueblo puede reaccionar, pero se equivocaron y terminaron más de 50 detenidos. Y tuvieron que pasar tantos meses para que mis compañeros y yo nos diéramos cuenta de que no vale luchar por la población de este país.
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