viernes, 23 de diciembre de 2022

PLAYER REPORT: David Datro Fofana

 

David Datro Fofana, el nuevo delantero de 20 años que busca fichar el Chelsea, quien pertenece al Molde de Noruega. El jugador marfileño mide 1.81 mts de altura, es de pierna derecha y posee un juego muy rápido con y sin el balón, además de mostrar una habilidad técnica bastante interesante que le sirve para salir de la presión y poder buscar duelos individuales en zona de finalización.

Fofana también ha mostrado en esta última temporada rapidez y fortaleza física que puede verse bien en la Premier League, donde jugará con defensores mucho más fuertes que los de la liga noruega.


El delantero muestra gran calidad técnica, como ya fue mencionado. Sin embargo, esto lo hace abusar mucho de los duelos individuales y no habilita tanto a sus compañeros a pesar de que sea un delantero con mucho movimiento y que no se ancla en el área a esperar que le llegue el balón. Constantemente busca recibir fuera del área para poder atacarla y finalizar, pero debe mejorar el juego colectivo.

Otro de los puntos débiles es la falta de remate con su pierna izquierda en algunas situaciones. A pesar de que con su pierna hábil (derecha) logra definir de buena manera con y sin presión, en ciertas ocasiones busca forzar el disparo con su pierna derecha teniendo la no hábil con más facilidad para rematar.

Un punto importante que veo en este fichaje para el Chelsea, es que Fofana es un jugador que puede ocupar tanto la posición de delantero centro como extremo por cualquiera de las dos bandas. Tiene la capacidad de aportar en todo el frente de ataque.

Datro Fofana es un jugador con mucho potencial y que pienso que puede calar muy bien en la Premier League por su rapidez, agilidad, calidad técnica y fortaleza física. Con su edad puede desarrollarse de buena manera en el fútbol inglés y ser un buen aporte a este equipo que juega normalmente con un delantero que tiene sus características de buscar crear y finalizar las jugadas en la última zona.


jueves, 22 de diciembre de 2022

PLAYER REPORT: Martin Zubimendi



Miguel Zubimendi es un mediocampista defensivo español que pertenece a la Real Sociedad, con un total de 1.410 minutos en lo que va de temporada. Con 23 años y siendo derecho, es un jugador de corte defensivo que tiene buen juego largo para abrir la cancha o habilitar a sus compañeros con pases progresivos, aunque no sube tanto al ataque.

Zubimendi es un jugador que tiene la resistencia física para poder jugar en una mayor liga como la Premier League, pero sí debe ganar una fortaleza física que le permita ir a los duelos individuales. Este jugador muestra una gran capacidad e inteligencia para cortar jugadas de peligro, con buen timing y buen seguimiento de los rivales y la jugada en general.



A pesar de no ser muy rápido, tiene un muy buen despliegue una vez que recupera el balón, y su buen juego en largo le permite ser una punta de lanza para iniciar las transiciones defensa-ataque.

Otro de los atributos es que suele salir muy bien bajo presión y en inferioridad numérica, quizás abusando del regate en zona 1 con posibilidad de perder el balón en una zona peligrosa, pero tiene la habilidad y la inteligencia para salir de esa presión y ser un buen inicio de juego, ayudando de su buena visión general del campo.


En la comparación con Moisés Caicedo del Brighton, un jugador ya establecido en la liga inglesa, el jugador ecuatoriano tiene mucha más influencia en ataque que Miguel. Sin embargo, el de la Real Sociedad destaca es por su fortaleza física, además de que son jugadores que ocupan diferentes espacios y con diferentes tareas que cumplir.

Mapa Caicedo

Mapa Zubimendi

Los mapas de calor muestran las incidencias de cada jugador en el terreno de juego, tanto por Premier League como por La Liga.

Zubimendi es un jugador bastante interesante que puede pegar bien con el ritmo de la Premier League debido a su buena capacidad y rapidez para salir de apuros en espacios reducidos. Sin embargo, la única duda que puede dejarme es la fortaleza física para los duelos 1 vs 1 y la explosividad en su carrera, para ser un jugador más agresivo en ambas facetas. Más allá de eso, es una buena apuesta que, con trabajo, se puede adaptar mucho más rápido a esta liga.



lunes, 12 de diciembre de 2022

La cultura futbolística de Venezuela

 

A partir de este vídeo, donde Filipe Luis menciona de cómo es el “ADN” del fútbol brasilero, me surgió un pensamiento de cómo la cultura de cada país influye directamente en el comportamiento individual de cada futbolista, quienes terminando formando de toda la selección.

VIDEO FILIPE LUIS

Pienso en el caso de Venezuela y la selección y realmente (tomando el ejemplo de los brasileros), no veo que el jugador venezolano se vea en “la Vinotinto” ese perfil que quizás se asemeje a lo que se ve día a día en las calles.


¿Qué puede ser esto? Recuerdo que mis primeras partidas de fútbol, descalzo en la calle, lo que me molestaba más es cómo los jugadores rápidos y habilidosos siempre mal parado o botado con sus regates.

Si busco un ejemplo de este tipo de jugadores atrevidos, puedo mencionar en la actualidad a tipos como Soteldo, Savarino, Yerson Chacón, entre otros. ¿A qué me refiero con esto? No veo ese patrón de jugadores explotando su juego en la selección.

Comparando con Brasil (salvando las diferencias), la cultura brasileña también se basa en ese “jogo bonito”, explosividad, agilidad y calidad técnica de sus jugadores, lo cual se ve en la selección siempre.

Vuelvo a llegar al punto de ver en las calles a niños jugando con el balón pegado al pie, en espacios reducidos, apostando a duelos individuales, pero con ayudas cerca.

Mi ejemplo de esto que menciono del juego venezolano, es el buen rendimiento de selecciones de fútbol de salón (campeón mundial 1997) y futsal (octavos de final del mundial 2021). Jugadores con características mencionadas.

¿Por qué no vemos una selección venezolana que su principal característica sea la habilidad técnica y explosividad de sus jugadores? Se ha visto todo lo contrario en los últimos 17 años.

Lo que se ve en la Vinotinto es un equipo que se puede caracterizar como uno que espera a su rival y depende mucho de transiciones largas. Ejemplo: Soteldo corriendo 40 metros para tener un 1vs1 en el último tercio.

Es un tema muy complejo y quizás denso para abordar, pero sin duda alguna la cultura futbolística de un país, empieza desde los niños jugando al fútbol en la calle o en cualquier cancha de barrio, y desde ahí ese jugador suele evolucionar y crecer, pero sin perder la esencia. Por más que unos jugadores lleguen al profesional sin perder esta, la gran mayoría de esa cultura que ya he mencionado, no se ve en la selección desde hace casi dos décadas. 

Cabe destacar que hago referencia a este período de tiempo porque lo que he vivido y palpado tanto en mi crecimiento como persona y como amante del fútbol venezolano.

Es claramente importante poder tener y mantener, a través de la profesionalidad de los jugadores, que esa esencia no se pierda en el transcurso de los años ni en el crecimiento de los futbolistas.

 

jueves, 2 de enero de 2020

Alma arrebatada

Una bruma que se estremecía entre mis ojos, como nubes violentas en los andes venezolanos.
Un cuerpo reposaba sobre el suelo, inerte y quieto; sin rostro y carente de sentimientos; un cuerpo sin alma. A su lado, una mujer que lloraba y vertía sus lágrimas sobre la piel ya muerta del cadáver, como si fuesen gotas de sangre que emanaban de sus ojos.
Mi vista, confundida, alejándose del lugar, haciendo que aquella bruma se estremeciera más en mi mirada y la vista se me nublara a medida que más y más me iba alejando.
Era como un recuerdo que se difuminaba en la mente. Un material que se desvanecía entre mis manos como si fuera la arena cálida, húmeda y delgada de las costas caribeñas.
El llanto que en la distancia yo escuchaba como si fueran las turbinas de un avión despegando, dándole duros golpes a mi pecho.
Un dolor que no identificaba, pero que se intensificaba con cada latido que en mis paredes  del cuerpo rebotaba. Hasta respirar me dolía y el viaje se me hacía eterno en el intento de nubes que transitaba en triste y agotada mente.
La oscuridad de la ciudad donde la mujer abrazaba a ese cuerpo. Ciudad desolada, como si de zombies se tratase. Pero ella seguía allí, aferrada a la piel de un cadáver sin rostro y sin ningún sentimiento; carecía de identidad, pero no lo dejaba ni un minuto en paz.
Un vacío asemejado a la pérdida de un incongruente amorío, mientras el cuerpo seguía siendo llorado por una mujer a medida que lo sostenía en sus brazos. Las lágrimas se mantenían ahí, como un torrencial aguacero en el invierno llanero. Los gritos que gesticulaba se me hacían inaudibles. Sólo la veía allí, agitando sus brazos y abriendo su boca a medida que rozaba sus labios, pero no la escuchaba. Maldita sea la distancia que no me permitió escuchar sus últimas palabras.
Y la bruma, que más intensa se hacía. Ahora mi vida parecía estar corriendo entre las tinieblas, sin saber adónde iba y qué haría.
Pero algo rompió ese molde en mí de repente. Una sonrisa que se formaba en mi rostro dura y fría como los tepuyes en la sabana, pero sin ningún entendimiento.
Una luz azulada con un toque blanco que se asomaba sobre mi ventana. Relampagueante e intensa, iluminando todas mis penas a medida que el dolor aumentaba y aumentaba.
Era el Catatumbo despidiendo mi alma mientras volaba, al mismo tiempo que en el suelo mi madre lloraba mi cuerpo, abrazando al único recuerdo mío entre sus brazos tras esa ida forzada.
Y ahora mi alma reía, en otras y de manera forzada en algunas ocasiones. El viaje siguió y el camino tomó un verdor atípico con unas montañas que se vestían de blanco. Mi piel temblaba por lo helado que estaba allí afuera y por el miedo a andar solo. Un alma sola divagando por las calles nuevas y solitarias. Miraba hacia atrás y la bruma me tapaba. Quería regresar pero no conocía el camino. 
Me quedé allí, estancado y sin palabras; era un alma que fue arrebatada de su lugar común.

martes, 13 de marzo de 2018

Lloro por las noches

Lloro por las noches.

Esas noches en las cuales el frío de mi cuarto me acoge y la oscuridad es eterna tanto en mi mente como en lo que me rodea.

Busco consuelo, mirándote cuando estás bella y enamoras a cada uno de los que te ven. También observo qué tan imponente eres en comparación con los demás, lo que me conlleva no a preferirte, sino a ser la única con la que quiero hacer mi vida.

Veo gente llorando encima de ti; derramando su sangre mientras corren de alguna parte de ti que se metió a la fuerza y ahora no quiere salir.

La oscuridad me pide a gritos abandonarte al mismo tiempo que la luz del día quiere que siga luchando a tu lado, como siempre lo hemos hecho.

Te busco en todos lados, y en donde sea te encuentro, ahí tambaleante sin saber a dónde vas, pero sin derrumbarte a pesar de que te pateen y quieran seguir lastimándote para hacerte caer.

Siempre estás ahí, muriéndote por dentro pero dando lo mejor de ti.

Hago silencio y dejo que las voces se vuelvan locas entre sí a mi alrededor mientras las lágrimas que salen de los ojos rodean mis mejillas y caen en mi sábana.

Aún no me he ido y siento cómo mi corazón se estremece al imaginarme en la pista de despegue de un aeropuerto o cruzando de alguna manera una concurrida frontera.

Disculpa si te dejo algún día, pues te juro que cada noche lloraré por ti, a pesar de que yo sea el único culpable de todo lo que te está pasando.

Solo deseo verte libre, y cada día que pasa veo más lejano mi sueño, y lloro por las noches.

Foto: Horacio Siciliano

martes, 7 de noviembre de 2017

El viacrucis del efectivo

El viacrucis del efectivo

Mañana calurosa donde el sol tenía un resplandor típico en Maracaibo, causando treinta y no sé cuántos grados centígrados en la ciudad, evaporando los zapatos de todos los que pisaban el asfalto.

El fatídico día empezó llegando al centro de  la ciudad, buscando por todos lados un banco porque no se encuentra dinero en efectivo, y los puntos de venta en cada uno de los negocios estaban caídos, como ya es habitual en las últimas semanas, meses, y quién sabe cuánto tiempo.

Caminé por el centro. Todo un viacrucis con calles inundadas de basura atorrante con un olor que se mete en los pulmones y no sale, aunado a l asfalto deteriorado y los edificios antiguos que se ven manchados por los vendedores ambulantes que no pagan ningún tipo de impuestos e incluso atropellan con sus servicios a las personas.
Algo cómico porque con ese dinero no se compra nada en la actualidad.

Justo antes de llegar al Banco de Venezuela, unos gritos ensordecedores de almas cansadas retumbaban en las estructuras viejas y abandonadas –sólo algunas−. Eran personas de la tercera edad cobrando el dinero prometido de la pensión a las afueras del lugar.

Más de tres horas pasé entre esos más de cincuenta “viejitos” y otras cien personas que esperaban sacar dinero en efectivo, como yo quería hacerlo. En el medio de la espera, el cielo se tornó gris, al mismo tiempo que la brisa venía fría y el sol se empezaba a ocultar en medio de las nubes que estaban cargadas de agua.

Sólo pasaron minutos, y se desató el torrencial aguacero en aquel lugar lleno de gente loca por tener dinero en sus manos, pero lo que no sabían es que el agua fría que venía en gotas enormes amargarían más su día.

Yo no podía con mi amargura, porque no lograba aceptar todo aquello que me rodeaba y ver a gente que se había acostumbrado a las situaciones deprimentes y llenas de martirio. Parecía una estatua, en medio de la lluvia y mirando hacia el frente esperando a que la fila avanzara. Un hombre tropezó mi hombro y ni me moví, sintiendo la mirada fría de aquel que casi se cae al toparse conmigo.

También vi una señora con una edad cercana a los 70 años, con una jarra de café en la mano y una bolsa negra en la otra, gritando en repetidas ocasiones “¡café, cigarro, café!”, mientras un mural con las palabras “socialcapitalismo. Libertad y patria. ¡Viva Chávez!”, cuidaba a todos los presentes a las 12 del mediodía.

Fue un dolor ver a todos esos señores de edad avanzada mojarse por la lluvia, viendo cómo las puertas del banco seguían cerradas mientras que la intensidad aumentaba y el viento hacía que esa agua no dejara a nadie sin empapar. Noté que mi dramatismo no era nada comparado a aquella escena donde los cuerpos se mojaban sin contemplación, nada más por esperar unos desgraciados billetes.

Tan solo diez mil bolívares (un almuerzo barato hoy en día en cualquier restaurante) fue lo que cada uno pudo sacar, en medio de lluvia, gritos, empujones y peleas, pasando un viacrucis que es típico en una ciudad mugrienta, llena de egoísmo y anarquía, acentuando aún más una situación que cada día carcome en una mayor proporción las entrañas de la que solía ser la primera ciudad de Venezuela.

Pero en medio de aquel diluvio, una señora iba caminando en contra de la lluvia, la cual venía con vientos desde el sureste. Parecía que la retaba sin importar la fuerza que tuviera, y sólo ahí entendí que justo como esa señora, nosotros actualmente nos enfrentamos a la tormentosa situación que nos rodea, yendo hacia ella directamente, hasta que algún día pase. Quizás no sea lo correcto, pero ese espíritu luchador nos pertenece desde hace más de dos siglos.


Y sí, me quedo con ese gesto que inundó mi corazón de esperanza, a pesar de todos los golpes vividos en un día en busca de efectivo.

Foto: @maracaibofotogenica

viernes, 18 de agosto de 2017

He visto



He visto a una persona sumergida en la decadencia de la sociedad, siendo pisoteada por otros que se benefician de la extrema pobreza, la cual se afianza cada día más en esta entidad que se ha convertido en sinónimo de tristeza.

He visto cómo la sonrisa se ha borrado de quienes en algún momento sólo mostraban su felicidad sin importar lo que rodeaba a su entorno; la amargura ahora se caracteriza como el principal detalle de aquellos que iluminaban con su dentadura y alegraban el día de los obstinados

He visto cómo un niño se sienta en una acera mientras el sol calienta sus pies descalzos y con sus manos cubiertas de suciedad y algunos granos de arena, los cuales estaban en su piel no precisamente por jugar en la tierra con carros o una pelota, sino por buscar un pedazo de cartón donde dormir. Con esos dedos invadidos por la mugre, se llevaba los dos panes a la boca, sin nada de relleno, ensuciando también parte de sus labios pero alimentando por primera vez en el día su estómago, justo cuando el sol se ocultaba por el oeste.

He visto abuelos haciendo una larga cola a las afueras de un banco con avisos que reflejaban a gritos los logros de la revolución. Luego los he visto llorar en silencio por las noches, y no por el olvido de sus hijos que abandonaron su casa, sino porque sus nietos se habían acostado con una arepa con mantequilla como cena.

He visto personas de todas las edades caminando como unos indigentes con hogares buscando en cada esquina el basurero más grande, para así sentarse a revolotear entre las bolsas motivados a encontrar un pedazo de carne o verduras podridas para poder alimentarse, al mismo tiempo que la pudrición invadía sus pulmones y las moscas dejaban huevos en su piel, justo antes de que los gusanos rozaran lo que se iban a comer.

Pero también he visto un renacimiento; he visto una resurrección. He visto cómo después de caer y dejar la sangre pegada en el pavimento, las personas se levanta. Y crecen. Y no vuelven a caer. Y sanan sus heridas. Y patean a aquellos que los hicieron caer y romperse la piel hasta aprender que ese error no se puede volver a cometer.