En estos momentos escribo esta nota sintiendo una inspiración, pero no quiere decir que esté aquí a mi lado.
Anoche me acosté pensando en ella, algo que no es raro. Su belleza, su inteligencia, educación y compromiso por la vida, la hacen una mujer deseada por pocos... Sí, pocos. Hablo así porque son pocos los que ahora quieren a una mujer así, "a lo bonito". No es raro que luego de pensarla, tuviera un sueño el cual la incluyera.
Luego de tener ese sueño en donde me encontraba a su lado, sentado a las orillas del lago, abrazándola como si fuera la última vez que la fuese a ver -escena típica de película- me desperté sintiendo una inspiración diferente... Esa que me motiva a luchar por mis sueños; la que me prende de nuevo.
Sí, es como un switch. Eso creo. Quizás ella tiene la llave de ese encendedor. No lo sé. Lo que sé es que no es normal que pasemos 15 días sin ni siquiera escribirnos un hola o vernos, sin decirnos cuantos nos queremos y todo lo que sentimos, pero cambio esos quince días por tan solo 1 en el que ella me diga que aún me sigue amando y que yo la sigo haciendo feliz. ¡Mierda!... Qué sentimiento tan arrecho. De igual manera, no lo cambio ni por los millones del mundo.
Es como sentirse en una montaña rusa; tienes sus altas y bajas. Cuando vas subiendo sientes esa emoción y temor de cómo será todo cuando llegues arriba y empiece la caída, y cuando comienzas a descender, aún sientes el miedo, pero con la adrenalina a mil. Lo bueno de la montaña rusa es que siempre estás sobre unos rieles y sabes que nunca te saldrás. De eso se trata. Siempre nos quedamos en los buenos momentos, pero al llegar algo malo nos descarrilamos y no afrontamos la caída de la montaña rusa. Puede ser que después de eso volvamos a subirla.
Ahí está la diferencia. En las buenas y en las malas. Ahí está la razón, tomamos otro carril cuando todo se vuelve color negro. Esa es la razón por la cual yo me siento sin la inspiración, sin eso que completa y llena mi vida.
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