viernes, 12 de septiembre de 2014

Y pasaron 224 días para esto

Hace siete meses todo era diferente... No veía que estaría escribiendo y sintiendo tantas cosas con respecto a mi país, su población y gobierno.

Hace siete meses comenzó ese movimiento en las calles; el pueblo parecía despertar. Hace siete meses vivíamos en una mejor situación económica que la de ahorita, pero que igual seguía siendo tan mala como para que el pueblo se volcara a las calles.

Hace siete meses las ciudades principales de Venezuela se llenaron de color, de esperanza, de valentía... De personas que exigían un cambio de gobierno a gritos. Hace siete meses los del alto mando no dormían como unos bebés.

Hace siete meses, algunas calles se tiñeron de sangre, una con un color igual al de los demás humanos, pero con una fuerza y olor a libertad como ninguna otra.

Se cumplen siete meses del asesinato de Bassil Dacosta y Robert Redman. Y hoy en día, los que exigían esa salida, no parecen recordar las gotas de sudor y el cansancio por las noches de las largas marchas que se hacían.

Hace siete meses Venezuela tenía memoria. Hace siete meses, el pueblo quería y se interesaba por lo que sucedía con su país. ¿O es que hace siete meses solo se preocupaban por una foto con su gorra y su bandera tricolor?

Ya son siete meses, y mientras pocos tratan de seguir lo que empezaron, la mayoría les da la espalda y siguen como si nada pasara. Siete meses de injusticias y desconsideraciones, mientras los de arriba siguen en el poder.

Cuando nos necesiten, quizá ya no estemos. Siete meses y no se dieron cuenta que nosotros teníamos la razón. Pasaron dos cientos veinticuatro días y solo nos apoyaron en treinta de ellos. Siete meses y todavía hubo gente en la calle, recibiendo gas y perdigones, confiando en que el pueblo puede reaccionar, pero se equivocaron y terminaron más de 50 detenidos. Y tuvieron que pasar tantos meses para que mis compañeros y yo nos diéramos cuenta de que no vale luchar por la población de este país.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La persona que pensé que no era

Desde que nací, hace ya casi 20 años, siempre fui un chamo tranquilo, humilde... De casa. Un niño que no buscaba problemas con nadie, no le gustaban ni siquiera las peleas en el liceo (que eran pan de cada día). Siempre trataba de ser amigable con mis compañeros. Llamaba a la paz en cada encontronazo, y cuando me buscaban, me alejaba rápidamente porque era un joven pacífico.

Desde el 15 de abril del 2013, las cosas cambiaron totalmente. Ese día fue anunciado, por el CNE, Nicolás Maduro como presidente de mi hermoso país. Pero ese no fue el detonante: Capriles declaró el fraude. Sentí como si hubieran encendido esa chispa de guerra que había dentro de mí. Un switche que estaba bien oculto porque nada ni nadie lo había conseguido, solo el amor por mi país, el cual es más grande que el que siento por cualquier otra cosa o persona.

El 19 de abril me encontraba con dos amigos, los tres estábamos completamente consumidos por las ganas de libertad, de justicia. En el CNE del Zulia, ubicado en la Av. Milagro, había una concentración de personas reclamando el fraude y, como era de esperarse, para allá fuimos. Una ballena de la GNB, unos 100 efectivos, como 20 de ellos con escopetas -que no sabía qué disparaban porque era inexperimentado en eso- y los demás con escudos, creando un cordón para que las personas no se acercaran a la sede el Consejo Nacional Electoral. Maduro fue proclamado como presidente en la Asamblea Nacional y todos en la concentración lo escuchamos en cadena nacional gracias a una camioneta negra con un sistema de sonido más grande que el propio dueño. 

Toda la gente enloqueció. Yo me encontraba a unos 20 metros del cordón de militares.
Miles de personas se sentían engañadas, impotentes y llenas de ira durante unos 2 minutos que se hicieron muy largos para todos. Me digne a acercarme a la barrera de los guardias (admito que sentía miedo). Cuando di el primer paso hacia adelante, los que estaban al frente empezaron a correr para atrás... Sin ningún motivo, o eso fue lo que pensé porque no había escuchado ni una detonación.

Bueno... Apenas di el primer paso pa' lante, corrí para atrás de una por la reacción de la gente; no pretendía ser el único bobo que se quedara adelante. En medio de esa carrera para ver quién huía más rápido, escuché el grito de un chamo -que no sé quién era- diciendo algo que me hizo detener de una "¡Vamos pa' lante!" con el mejor acento maracucho posible. Me detuve rápidamente y levanté mis brazos indicándole a los demás que también se detuvieran... ¡éramos más que ellos! ¿para qué correr?. Tenía una botella de Coca-Cola de dos litros, pero estaba llena de agua. Mis dos amigos pararon su corrida también al escuchar esa expresión. Agarré valentía y seguimos corriendo, pero esta vez sí fue hacia el lado correcto.

La mayoría de los manifestantes también corrió para adelante, diría que un 60% de las personas (57% eran jóvenes entre 18-23) y el otro 40% siguió huyendo, no les reclamé. Mientras nos acercábamos al cordón, sentía más miedo, pero cuando miré bien, había un guardia sin escudo, solo con su escopeta, y sin pensarlo dos veces, le lancé el pote de plástico lleno de agua con todas mis fuerzas. Ahí se fueron todos mis temores y seguí corriendo. Obviamente fallé mi tiro, pero sentí esa liberación. 


Seguía hacia adelante y la los demás también. Nos encontramos con el cordón de la guardia, puros escuderos, tampoco sabía de qué eran los escudos y aún así con la adrenalina que llevaba por dentro, al momento de chocar con ellos, fue como si una ola los hubiera arrastrado unos 10 metros. En medio de eso, intenté agarrar uno escudo. Coloqué mis manos por arriba y empecé a jalar con todas mis fuerzas, por un momento pensé que así robarían los malandros aquí en Venezuela las carteras de las mujeres, pero eso fue lo de menos. Uno de mis amigos me agarró por la cintura y empezó a jalarme también para tratar de agarrar el escudo (que es de plástico, por cierto). 

Mientras lo seguía sosteniendo entre empujones y gritos, los demás a mi alrededor intentaban hacer lo mismo. En una de esas miradas, como a 15 metros, empezó a salir un militar haciendo señas con las manos... a los 5 segundos, la ballena empezó a echar para adelante y al lado de ella se colocaron como 10 guardias, todos con escopetas. El miedo volvió a mí, pero mi rabia lo superaba.

Lamentablemente, luego de un minuto para tratar de agarrar el escudo del pobre soldado (enano, tenía que acotar.. ¡me llegaba por el pecho!), sentí el golpe más fuerte que había recibido en lo que llevaba de vida. Uno de los guardias me agarró de llenó y me dio con su escudo y su rolo de cuero totalemente, defendiendo a su compañero, obviamente. Ahí quedó la marca, un moretón que me duró dos semanas.

Pero, a pesar de todas las piedras que se lanzaron (no fueron muchas, en realidad) y las cantidades de roces y empujones, ese día no escuché ni una detonación, ni un disparo. Supongo que fue gracias a las señoras que trataban de calmar las cosas (y lo lograron). Solo amenazas con sus escopetas, apuntaban y no disparaban. En eso se quedó. Desde ese día sentí que eso era lo mío; la persona que siempre oculte sin darme cuenta, era radical. 

viernes, 13 de junio de 2014

Un sentimiento... así no estés presente.

En estos momentos escribo esta nota sintiendo una inspiración, pero no quiere decir que esté aquí a mi lado.

Anoche me acosté pensando en ella, algo que no es raro. Su belleza, su inteligencia, educación y compromiso por la vida, la hacen una mujer deseada por pocos... Sí, pocos. Hablo así porque son pocos los que ahora quieren a una mujer así, "a lo bonito". No es raro que luego de pensarla, tuviera un sueño el cual la incluyera.

Luego de tener ese sueño en donde me encontraba a su lado, sentado a las orillas del lago, abrazándola como si fuera la última vez que la fuese a ver -escena típica de película- me desperté sintiendo una inspiración diferente... Esa que me motiva a luchar por mis sueños; la que me prende de nuevo.

Sí, es como un switch. Eso creo. Quizás ella tiene la llave de ese encendedor. No lo sé. Lo que sé es que no es normal que pasemos 15 días sin ni siquiera escribirnos un hola o vernos, sin decirnos cuantos nos queremos y todo lo que sentimos, pero cambio esos quince días por tan solo 1 en el que ella me diga que aún me sigue amando y que yo la sigo haciendo feliz. ¡Mierda!... Qué sentimiento tan arrecho. De igual manera, no lo cambio ni por los millones del mundo.

Es como sentirse en una montaña rusa; tienes sus altas y bajas. Cuando vas subiendo sientes esa emoción y temor de cómo será todo cuando llegues arriba y empiece la caída, y cuando comienzas a descender, aún sientes el miedo, pero con la adrenalina a mil. Lo bueno de la montaña rusa es que siempre estás sobre unos rieles y sabes que nunca te saldrás. De eso se trata. Siempre nos quedamos en los buenos momentos, pero al llegar algo malo nos descarrilamos y no afrontamos la caída de la montaña rusa. Puede ser que después de eso volvamos a subirla.

Ahí está la diferencia. En las buenas y en las malas. Ahí está la razón, tomamos otro carril cuando todo se vuelve color negro. Esa es la razón por la cual yo me siento sin la inspiración, sin eso que completa y llena mi vida.

miércoles, 11 de junio de 2014

Venezuela no durmió anoche. Opinión

Venezuela no durmió anoche. Muchos pensarán que este comienzo se debe a que la nota trata sobre las protestas, principalmente en los meses de febrero y marzo, pero no es así. Venezuela lleva 15 años sin dormir por las noches.

Nuestro hermoso país, lleno de riquezas y preciosos paisajes, se encuentra sumergido en un mar de ignorancia y conformismo que cada vez lo esta llevando más y más al abismo. Un pueblo que se digna a seguir viviendo en la miseria -que aún no llega a su totalidad- tuvo un volcamiento a las calles, que solo quedó en el pasado. 

Pero, Venezuela, tú no eres la culpable. Muchas veces se ha dicho que “no es el país, es el gobierno” o “la patria cambia cuando nosotros cambiemos”. Ambas son ciertas, pero se trata de cumplir todo, no de solo comentarlo. No basta decir que todos tienen que cambiar para que el país avance, y a los 5 minutos estás tirando basura en la calle, paras en el puesto de discapacitados, te comes el semáforo en rojo o no respetas a los demás. El país sigue dormido en la ignorancia.

Nuestra falta de educación y cultura, afectan. Esos criollos que se la tiran de gringos a donde quieran que van, deseando vivir en otro país o que las leyes de allá se cumplan aquí, también hacen que Venezuela no avance. Primero preocupate por tu patria, luego verás. ¿Que el país no ha dado lo suficiente por ti? ¡Por Dios! Tú tienes que dar más por el. No se trata de comentar alguna solución, si no cumplirla como tú puedas.

No se trata de dejar todo en manos de Dios mientras tú te acuestas en la cama o sales a trabajar y vivir tu vida normal como si aquí no mataran a 25.000 de tus compatriotas al año, como si no tuvieras que hacer colas para 1 kg de leche, como si no tuvieras que pagar más de 100 bs. por un litro de aceite. Hay que reaccionar. Venezuela no durmió anoche porque tú duermes en ella como si nada pasara.

sábado, 7 de junio de 2014

El mundial de las lesiones. Opinión

A falta de cuatro días para que la máxima cita del fútbol a nivel mundial de su inicio, el magno evento se ha visto un poco mermado ya que algunos jugadores, los más resaltantes en este deporte, se van a perder el mundial debido a lesiones sufridas en partidos amistosos con sus selecciones. Futbolistas como Marco Reus, Frank Ribery, Theo Walcott, Víctor Valdés, Kevin Strootman, entre otros, no estarán presentes en Brasil representando a sus respectivos países.

¿Por qué tantas lesiones a tan pocos días del mundial? Si bien algunas fueron hace 3 o más meses, la mayoría de éstas se provocaron en los últimos partidos amistosos de preparación para cada uno de los equipos. No hay nadie con tanta mala suerte. Lo peor de todo es que los encuentros son “amistosos”, y cerca de un evento como el mundial de fútbol que se realiza cada 4 años, esa palabra tiene un significado más valioso para los jugadores, y es que todos quieren jugar el torneo y por eso juegan a media máquina para evitar alguna lesión.

Si bien es cierto, estos futbolistas juegan -en su mayoría- en las mejores ligas del mundo, lo que quiere decir que tienen una preparación física tremenda y que una lesión sería muy difícil de llegar. Juegan de 5 a 6 meses contra los mejores jugadores del mundo, con una potencia física y agresividad en la cancha más que la que se ve en los partidos de preparación. ¿Por qué se lesionan tan cerca del mundial?

Aunque hay algo es destacar, y es que casi todas las selecciones europeas están jugando en América para así adaptarse un poco al clima de Brasil. Lógicamente, los encuentros son con equipos americanos; equipos físicamente fuertes. El partido de ayer entre Honduras e Inglaterra lo comprobó. Las selecciones jugaron como si fuese una final, sin embargo con el miedo de los jugadores a lesionarse, pero la agresividad se vio en la cancha, esa que no es típica en un partido amistoso.

No es lo mismo jugar seis meses con todo en el gramado y no lesionarse, a jugar un partido de preparación y perderse toda la copa del mundo. Algo frustrante y preocupante para jugadores, entrenadores y todos los seguidores de esa selección. Hay mucho que pensar con respecto a todas estas pérdidas. Quizás sea el mismo miedo a lesionarse lo que hace que se de eso.

El mundial de las lesiones, pero no el mundial con menos espectadores a nivel global. Se vivirá un evento con la pasión y el clima sudamericano.

Viviendo lejos, pero nunca ausente.


Era primero de marzo, las calles marabinas estaban llenas de basura y escombros que funcionaban como método de protestas para los opositores al actual gobierno. Desde el norte al sur, desde este a oeste, se expandían las llamadas barricadas para trancar las vías de la capital zuliana.
Daniel Montiel, un joven estudiante, era uno de los muchos que se mantenían día a día en las calles desde el 12 de febrero tratando de buscar un mejor país. “El que se cansa, pierde” es lo que más repite Montiel, refiriéndose a la frase de Leopoldo López. 

Las barricadas eran cada vez más fuertes de remover para los órganos policiales. Daniel, un joven de 19 años de edad, se animó a crear un grupo por su casa, en el sector Las Barracas, cerca del CORE3 -sede de la GNB en Maracaibo- para así, con sus vecinos, cerrar todas las calles aledañas a sus casas y, de esa manera, seguir motivando a la gente a unirse.

“Todos dijeron que sí”, comentó el estudiante con una alegría, demostrando sentirse a gusto debido a que su gente no lo abandonó. Muchos pensaban que Montiel era un líder político debido a su gran manera de hablar y de motivar a las personas. “Yo solo expreso lo que siento y lo que quiero, eso trajo resultados”, agregó.

Eran las 3 de la mañana y Daniel junto a sus vecinos estaban despiertos, no por haber llegado de algún sitio nocturno, sino porque a esa hora se paraban e iban a trancar cada calle; como si fuera un trabajo para ellos. Viéndolo bien, el compromiso que tenía con el país, pudo ser el trabajo más fuerte y comprometedor para el futuro comunicador social. Los guardias nacionales que se encontraban en el CORE 3, ya los veían con más consistencia, pero debido a la noche, les era un poco dificultoso reconocer sus caras.

Cada día que pasaba, era más peligroso para Daniel y su grupo de vecinos que nunca dio un paso atrás. “Si vienen, corremos. Para eso estamos aquí, cerca de nuestras casas” dijo Daniel. Efectivos de la Guardia Nacional ya sabían dónde iban a trancar Montiel y sus vecinos, pero nunca los agarraban. “Vivíamos momentos de tensión, no por miedo a que nos robaran, solo que nunca queríamos ir presos”, comentaba Juan, amigo de Daniel.

La madrugada del 07 de Marzo, Daniel Montiel junto a su amigo Juan, empezaron a dar vueltas en un carro y hablando por la bocina, para así llamar a sus vecinos y avisarles de que era hora de salir, como lo hacían casi todos los días. Mientras hacían eso, los jóvenes sintieron varias motos venir. Trataron de aumentar la velocidad del vehículo pero no pudieron escapar. “Eran como unas 15 motos de la GNB con dos efectivos cada uno. Me decían que me bajara y que siguiera invitando a la gente a trancar”. Daniel y Juan no querían problemas, y se ahorraron las palabras para así tratar de salirse con la suya.

Los efectivos le daban golpes al carro mientras le gritaban algunas amenazas a los estudiantes que sólo llamaban a sus vecinos. Luego de unos minutos, Daniel y Juan fueron bajados del vehículo a golpes por los guardias nacionales y los tiraron contra una pared. “Cuando me soltaron las manos, pensé que tenía la oportunidad de llamar a mis padres y saqué mi telefono, cuando de repente siento el golpe de un militar”, dijo Montiel. “¡Suelta el teléfono!” le gritó la autoridad. 

Le decían que no iba a llamar a nadie, que no se iban a enterar de él porque lo iban a desaparecer. En medio del susto, Daniel y su compañero se tuvieron que montar la camioneta de la GNB para ser trasladados -donde se suponía- al CORE 3. Ellos no fueron esposados. “Nos metieron en la parte de atrás como los propios delincuentes, agarrándonos por el cuello y dándonos golpes”, dijo Montiel. 

En el traslado, los jóvenes se sentían impotentes y atemorizados, y luego de unos metros de recorrido por el mismo sector donde viven, se empezaron a escuchar decenas de cacerolas sonando. La camioneta donde iban empezó a disminuir la velocidad porque las personas se encontraban casi que cerrando la calle. 
“Pensamos que era nuestro momento. Era ahora o nunca”, decía Daniel sobre la oportunidad de que los soltaran. Pero unos segundos después, un acto de locura y adrenalina hizo acto de presencia en los muchachos: se escaparon.

“Abrimos la puerta -la cual se encontraba sin seguro- y nos tiramos sin mirar pa’ atrás, a pesar de que sentíamos miedo”, dijo Daniel. Ellos no sufrieron heridas graves al tirarse de la camioneta ya que iba despacio, todo parecía perfecto para ese escape. Al caer, corrieron unos 200 metros, en medio de gritos de desespero, hasta encontrar un lugar donde refugiarse. “Encontramos una villa… Villa Clara se llamaba. Ahí entramos como locos y tocamos el timbre a una casa que nos abrió las puertas sin pedírselo dos veces”, agregó. Luego de unos minutos de estar metidos en un cuarto, con el susto todavía, Daniel y Juan lograron irse a sus casas.

Dias pasaron y Daniel no se dio cuenta que la GNB había tomado sus datos, sin ninguna explicación. El joven contactó a sus abogados para saber qué le podría pasar… la respuesta no fue muy buena. “Me dijeron que hasta podría recibir 15 años de cárcel”, comentó Montiel, quien no quería dejar a su país, teniendo los medios para poder irse. “Todo se reducía a que lo mejor era irme, pero no, soy venezolano y aquí viviré pase lo que pase”, finalizó.

Daniel vivió unos días de su vida en los que sentía impotencia, y así tenga el amor que tenga por Venezuela, tenía que dejar el país por su bien; hasta sus padres lo apoyaron en esta decisión. Pero él aún mantenía la esperanza de volver a su tierra natal, sólo cuando las cosas se calmaran y lograran verse algo más coloridas para el estudiante.

Viviendo como exiliado

Houston, Texas, Estados Unidos, fue el lugar a donde el joven Daniel Montiel huyó. La casa de unos familiares fue la residencia que le abrió las puertas mientras esperaba que sus abogados y padres le dijeran que podía regresar al país. 

Alejado hasta de sus cuentas en internet y se vio hasta obligado a crearse otros perfiles en esas redes, Daniel se mantenía en contacto con sus familiares y allegados, quienes se encontraban tristes y preocupados por la situación que él vivía, la injusticia venezolana actuando de nuevo, esta vez más de cerca para quienes la conocemos y la vivimos en carne propia.

A través de las redes sociales, como Twitter y Facebook, Montiel trataba de seguir motivando a la gente de seguir en las calles. “Ahora más que nunca tienen que estar ahí afuera, porque como yo, hay varios, y esto no puede seguir pasando”, comentó. La impotencia que él vivía al saber que estaban haciendo lo que querían con su país, cometiéndose injusticias y muchas agresiones y no poder hacer nada, lo mataba a diario, y más estando a miles de kilómetros de distancia sin poder hacer nada.

Fueron días oscuros… tan oscuros como los canales de televisión que son censurados hoy en dia por este mismo régimen; tan oscuros como las franelas negras que llevan los venezolanos que marchan día a día en todas las ciudades del país; tan oscuro como el luto activo que se vive en los miles de venezolanos asesinados a diario por la delincuencia.

Los días de Daniel eran cada vez más difíciles. “Estoy viviendo fuera, pero dentro de ella; pendiente de todo lo que pasa”, dijo. Y es que, por más alejado que estaba, se sentía dentro, de lleno en los problemas y en Venezuela, el país donde él creció, se crió y pretende pasar el resto de su vida.

El joven estudiante encontró un poco de desahogo, y es que fue invitado a hablar en un congreso de derechos humanos en Estados Unidos para así relatar su historia, y así, de alguna u otra manera, ayudar más a sus queridos compatriotas que se encontraban luchando en su lugar de origen. “Ya que no estaba, me sentí algo confortable porque apoyaba esto, pero tambien me sentia en deuda”, comentó. 

“La intención era hablar sobre mi caso, explicarles a todos lo que pasa en Venezuela, porque así como hay personas que saben sobre la situacion alla, tambien hay algunos que no tienen ni idea”, indagó Montiel, quien repetía constantemente que lo que estaba haciendo no era suficiente para su país.

El regreso

Daniel Montiel regresó a Maracaibo, Venezuela, luego de dos meses de haber huido. No pudo realizar el congreso debido a que era el mes entrante, pero sin duda alguna dejó una huella en tierras norteamericanas donde llevó su mensaje cuando  tuvo la oportunidad. 

Estaba feliz… ¡y quién no! Estaba de regreso en su madre patria con sus familiares y amigos, hasta retomando sus estudios universitarios, pero aún con el alma marcada por estar más de 30 días fuera de esa lucha que tanto había apoyado, y teniendo en mente la prohibición que le fue otorgada de volver a protestar; seguir en las calles. Y es que si lo vuelven a ver realizando alguna manifestación, el futuro de Daniel podría ser en una cárcel.

Se encontraba fuera de Venezuela apoyando todo lo que sucedía aquí, pero ahora esta aqui y aun asi no pueda estar dentro de la protesta, seguirá apoyando a una distancia, no tanta como de Houston a Maracaibo, pero si donde no se vea involucrado para evitar problemas mayores. 

Todo concluye a algo: el amor por Venezuela es incomparable, y así tengas miles de obstáculos, siempre se encontrara un camino por el cual puedes llegar. Si es dificil no quiere decir que no se vaya a lograr. Daniel Montiel es el claro ejemplo de que así las cosas se vuelquen en contra de ti, se encontrará una manera de seguir adelante y mantener tus ideales y principios claros, además de luchar para que todo eso sea reflejado en la vida.

¿Plan de magnicidio o para desviar la atención? Opinión.

Hace días atrás, el alto mando del gobierno reveló en una cadena disimulada, que algunos sectores de la oposición venezolana, entre ellos María Corina Machado y Diego Arria, tenían un plan de magnicidio en contra del actual presidente de la República, Nicolás Maduro Moros.

Lo que pude ver de ese comunicado fue totalmente ingenuo. ¿Un plan para matar al presidente hecho por correo electrónico? Algo de esa magnitud, no creo que sea un juego, agregando que las 2 cuentas eran casi que burlonas.

Claro, es que cualquier terrorista armaría un plan para asesinar a un gobernante apoyado por casi toda la fuerza armada venezolana, a través de una red tan abierta como el Internet. Por cierto, cualquier terrorista enviaría un mensaje y al final colocaría sus iniciales. Absurdo.

¿No parece que el país tiene suficientes problemas como para el alto mando del gobierno se preocupe en unos correos electrónicos? Si existiera algún plan de magnicidio y con ayuda del extranjero, hace rato se hubiese ejecutado... Y no con conversaciones en internet.



Podría entender que el gobierno mienta en eso para así tener la atención del pueblo en ese problema y no en la escasez, inseguridad y todo lo que nos agobia, ¿pero es posible que de verdad se lo crean? Nuestro mentalidad cada vez está más preocupante.