Era primero de marzo, las calles marabinas estaban llenas de basura y escombros que funcionaban como método de protestas para los opositores al actual gobierno. Desde el norte al sur, desde este a oeste, se expandían las llamadas barricadas para trancar las vías de la capital zuliana.
Daniel Montiel, un joven estudiante, era uno de los muchos que se mantenían día a día en las calles desde el 12 de febrero tratando de buscar un mejor país. “El que se cansa, pierde” es lo que más repite Montiel, refiriéndose a la frase de Leopoldo López.
Las barricadas eran cada vez más fuertes de remover para los órganos policiales. Daniel, un joven de 19 años de edad, se animó a crear un grupo por su casa, en el sector Las Barracas, cerca del CORE3 -sede de la GNB en Maracaibo- para así, con sus vecinos, cerrar todas las calles aledañas a sus casas y, de esa manera, seguir motivando a la gente a unirse.
“Todos dijeron que sí”, comentó el estudiante con una alegría, demostrando sentirse a gusto debido a que su gente no lo abandonó. Muchos pensaban que Montiel era un líder político debido a su gran manera de hablar y de motivar a las personas. “Yo solo expreso lo que siento y lo que quiero, eso trajo resultados”, agregó.
Eran las 3 de la mañana y Daniel junto a sus vecinos estaban despiertos, no por haber llegado de algún sitio nocturno, sino porque a esa hora se paraban e iban a trancar cada calle; como si fuera un trabajo para ellos. Viéndolo bien, el compromiso que tenía con el país, pudo ser el trabajo más fuerte y comprometedor para el futuro comunicador social. Los guardias nacionales que se encontraban en el CORE 3, ya los veían con más consistencia, pero debido a la noche, les era un poco dificultoso reconocer sus caras.
Cada día que pasaba, era más peligroso para Daniel y su grupo de vecinos que nunca dio un paso atrás. “Si vienen, corremos. Para eso estamos aquí, cerca de nuestras casas” dijo Daniel. Efectivos de la Guardia Nacional ya sabían dónde iban a trancar Montiel y sus vecinos, pero nunca los agarraban. “Vivíamos momentos de tensión, no por miedo a que nos robaran, solo que nunca queríamos ir presos”, comentaba Juan, amigo de Daniel.
La madrugada del 07 de Marzo, Daniel Montiel junto a su amigo Juan, empezaron a dar vueltas en un carro y hablando por la bocina, para así llamar a sus vecinos y avisarles de que era hora de salir, como lo hacían casi todos los días. Mientras hacían eso, los jóvenes sintieron varias motos venir. Trataron de aumentar la velocidad del vehículo pero no pudieron escapar. “Eran como unas 15 motos de la GNB con dos efectivos cada uno. Me decían que me bajara y que siguiera invitando a la gente a trancar”. Daniel y Juan no querían problemas, y se ahorraron las palabras para así tratar de salirse con la suya.
Los efectivos le daban golpes al carro mientras le gritaban algunas amenazas a los estudiantes que sólo llamaban a sus vecinos. Luego de unos minutos, Daniel y Juan fueron bajados del vehículo a golpes por los guardias nacionales y los tiraron contra una pared. “Cuando me soltaron las manos, pensé que tenía la oportunidad de llamar a mis padres y saqué mi telefono, cuando de repente siento el golpe de un militar”, dijo Montiel. “¡Suelta el teléfono!” le gritó la autoridad.
Le decían que no iba a llamar a nadie, que no se iban a enterar de él porque lo iban a desaparecer. En medio del susto, Daniel y su compañero se tuvieron que montar la camioneta de la GNB para ser trasladados -donde se suponía- al CORE 3. Ellos no fueron esposados. “Nos metieron en la parte de atrás como los propios delincuentes, agarrándonos por el cuello y dándonos golpes”, dijo Montiel.
En el traslado, los jóvenes se sentían impotentes y atemorizados, y luego de unos metros de recorrido por el mismo sector donde viven, se empezaron a escuchar decenas de cacerolas sonando. La camioneta donde iban empezó a disminuir la velocidad porque las personas se encontraban casi que cerrando la calle.
“Pensamos que era nuestro momento. Era ahora o nunca”, decía Daniel sobre la oportunidad de que los soltaran. Pero unos segundos después, un acto de locura y adrenalina hizo acto de presencia en los muchachos: se escaparon.
“Abrimos la puerta -la cual se encontraba sin seguro- y nos tiramos sin mirar pa’ atrás, a pesar de que sentíamos miedo”, dijo Daniel. Ellos no sufrieron heridas graves al tirarse de la camioneta ya que iba despacio, todo parecía perfecto para ese escape. Al caer, corrieron unos 200 metros, en medio de gritos de desespero, hasta encontrar un lugar donde refugiarse. “Encontramos una villa… Villa Clara se llamaba. Ahí entramos como locos y tocamos el timbre a una casa que nos abrió las puertas sin pedírselo dos veces”, agregó. Luego de unos minutos de estar metidos en un cuarto, con el susto todavía, Daniel y Juan lograron irse a sus casas.
Dias pasaron y Daniel no se dio cuenta que la GNB había tomado sus datos, sin ninguna explicación. El joven contactó a sus abogados para saber qué le podría pasar… la respuesta no fue muy buena. “Me dijeron que hasta podría recibir 15 años de cárcel”, comentó Montiel, quien no quería dejar a su país, teniendo los medios para poder irse. “Todo se reducía a que lo mejor era irme, pero no, soy venezolano y aquí viviré pase lo que pase”, finalizó.
Daniel vivió unos días de su vida en los que sentía impotencia, y así tenga el amor que tenga por Venezuela, tenía que dejar el país por su bien; hasta sus padres lo apoyaron en esta decisión. Pero él aún mantenía la esperanza de volver a su tierra natal, sólo cuando las cosas se calmaran y lograran verse algo más coloridas para el estudiante.
Viviendo como exiliado
Houston, Texas, Estados Unidos, fue el lugar a donde el joven Daniel Montiel huyó. La casa de unos familiares fue la residencia que le abrió las puertas mientras esperaba que sus abogados y padres le dijeran que podía regresar al país.
Alejado hasta de sus cuentas en internet y se vio hasta obligado a crearse otros perfiles en esas redes, Daniel se mantenía en contacto con sus familiares y allegados, quienes se encontraban tristes y preocupados por la situación que él vivía, la injusticia venezolana actuando de nuevo, esta vez más de cerca para quienes la conocemos y la vivimos en carne propia.
A través de las redes sociales, como Twitter y Facebook, Montiel trataba de seguir motivando a la gente de seguir en las calles. “Ahora más que nunca tienen que estar ahí afuera, porque como yo, hay varios, y esto no puede seguir pasando”, comentó. La impotencia que él vivía al saber que estaban haciendo lo que querían con su país, cometiéndose injusticias y muchas agresiones y no poder hacer nada, lo mataba a diario, y más estando a miles de kilómetros de distancia sin poder hacer nada.
Fueron días oscuros… tan oscuros como los canales de televisión que son censurados hoy en dia por este mismo régimen; tan oscuros como las franelas negras que llevan los venezolanos que marchan día a día en todas las ciudades del país; tan oscuro como el luto activo que se vive en los miles de venezolanos asesinados a diario por la delincuencia.
Los días de Daniel eran cada vez más difíciles. “Estoy viviendo fuera, pero dentro de ella; pendiente de todo lo que pasa”, dijo. Y es que, por más alejado que estaba, se sentía dentro, de lleno en los problemas y en Venezuela, el país donde él creció, se crió y pretende pasar el resto de su vida.
El joven estudiante encontró un poco de desahogo, y es que fue invitado a hablar en un congreso de derechos humanos en Estados Unidos para así relatar su historia, y así, de alguna u otra manera, ayudar más a sus queridos compatriotas que se encontraban luchando en su lugar de origen. “Ya que no estaba, me sentí algo confortable porque apoyaba esto, pero tambien me sentia en deuda”, comentó.
“La intención era hablar sobre mi caso, explicarles a todos lo que pasa en Venezuela, porque así como hay personas que saben sobre la situacion alla, tambien hay algunos que no tienen ni idea”, indagó Montiel, quien repetía constantemente que lo que estaba haciendo no era suficiente para su país.
El regreso
Daniel Montiel regresó a Maracaibo, Venezuela, luego de dos meses de haber huido. No pudo realizar el congreso debido a que era el mes entrante, pero sin duda alguna dejó una huella en tierras norteamericanas donde llevó su mensaje cuando tuvo la oportunidad.
Estaba feliz… ¡y quién no! Estaba de regreso en su madre patria con sus familiares y amigos, hasta retomando sus estudios universitarios, pero aún con el alma marcada por estar más de 30 días fuera de esa lucha que tanto había apoyado, y teniendo en mente la prohibición que le fue otorgada de volver a protestar; seguir en las calles. Y es que si lo vuelven a ver realizando alguna manifestación, el futuro de Daniel podría ser en una cárcel.
Se encontraba fuera de Venezuela apoyando todo lo que sucedía aquí, pero ahora esta aqui y aun asi no pueda estar dentro de la protesta, seguirá apoyando a una distancia, no tanta como de Houston a Maracaibo, pero si donde no se vea involucrado para evitar problemas mayores.
Todo concluye a algo: el amor por Venezuela es incomparable, y así tengas miles de obstáculos, siempre se encontrara un camino por el cual puedes llegar. Si es dificil no quiere decir que no se vaya a lograr. Daniel Montiel es el claro ejemplo de que así las cosas se vuelquen en contra de ti, se encontrará una manera de seguir adelante y mantener tus ideales y principios claros, además de luchar para que todo eso sea reflejado en la vida.